Hablemos de Competencia Desleal

Hablemos de Competencia Desleal

Existe un sector que se ha dedicado a hablar en los medios sobre las alianzas electorales como una especie de "competencia desleal", desinformando y basándose en conceptos erróneos. Sin embargo, es importante entender que no todas las estrategias políticas son necesariamente deshonestas o injustas. De hecho, las alianzas electorales y las candidaturas coaligadas son un ejercicio democrático que busca una mayor representación y diversidad de voces en la política. Hoy, el 80% de los países del mundo y diez estados de los Estados Unidos permiten estas prácticas en sus sistemas electorales. Esto demuestra que las alianzas son comunes y forman parte de la cultura democrática en muchos lugares. 

¿Acaso creemos que en esos países y estados se promueve la competencia desleal en sus sistemas electorales? 

 

Además, la propia Comisión Estatal de Elecciones (CEE), dominada por el PNP-PPD, ha visitado algunos de estos países en busca de modelos tecnológicos para mejorar nuestro sistema electoral. Como si eso no fuera suficiente, en Puerto Rico las alianzas electorales y candidaturas coaligadas existieron desde 1924 hasta 2011, cuando el PNP-PPD decidió cambiar esa disposición y prohibirlas definitivamente en el Código Electoral de 2020. ¿Por qué? Estas prácticas reflejan la sociedad y su variedad de opiniones, y no deben confundirse con la competencia desleal que pone en peligro la integridad del proceso.

 

Ahora bien, centrémonos en lo que realmente constituye la competencia desleal en los procesos electorales. En este artículo, examinaremos de cerca al Partido Nuevo Progresista (PNP) y su implicación en prácticas que han dejado un amargo sabor en el ambiente político.

 

La competencia desleal: Un enemigo del juego limpio.

 

Cuando hablamos de competencia desleal en el ámbito electoral, nos referimos a acciones que buscan obtener una ventaja injusta sobre los competidores, socavando así la integridad del proceso democrático. Es como aquel jugador tramposo que busca ganar a toda costa, sin importar las reglas establecidas. Y en esta ocasión, el PNP se encuentra en el centro de atención. Impuso un código electoral a solo meses de la elección general que socavó la democracia del país y otorgó ventajas indebidas a su partido. El actual Código Electoral permite un desbalance institucional, otorgando al PNP-PPD el control absoluto de la CEE y todos sus procesos. El PNP-PPD funciona como una súper mayoría que dictamina, por ejemplo, quién se inscribe y quién no.

 

Otro ejemplo contundente y obsceno de esa competencia desleal ejercida por el PNP-PPD es que, bajo el Código Electoral actual y que ellos defienden, cualquier partido puede ganar la gobernación, pero aún así quedar fuera de la representación en la CEE. Por eso se autonombraron "partidos propietarios". La oposición a las alianzas y candidaturas coaligadas es un monumental descaro intencional por parte del PNP-PPD.

 

El poder de los recursos públicos: ¿la balanza a favor del PNP?

 

Uno de los aspectos que ha levantado sospechas es la abrumadora cantidad de empleados que el PNP tiene a su disposición, con más de 200 empleados en la nómina de la CEE. Es más que evidente que quien promueve una súper mayoría en la CEE es el PNP. De hecho, eso es lo que está sucediendo actualmente; por ejemplo, cada vez que no hay consenso entre los comisionados y le toca decidir al presidente, en donde la mayoría de las veces ha decidido de acuerdo con la postura del PNP, incluso cuando la votación es 1 a 4. Todas esas decisiones son públicas y de fácil corroboración.

 

Dice el refrán que el ladrón juzga por su condición. En la CEE, quienes han sembrado una súper mayoría son el PNP-PPD, y ni hablar de la competencia desleal que ambos ejercen como una alianza constante y financiada con fondos públicos.

 

En conclusión, es lamentable escuchar a ciertos “experto electorales” afirmar que tienen el poder absoluto debido a que un 18% de la población votó por el gobernador. No, señores y señoras, ganar una elección no significa que se puedan obviar los procesos democráticos de un país, ya que estos no son exclusivos de candidatos ni de partidos políticos. El triunfo en una elección no implica tener el derecho de escribir las reglas a su beneficio, nombrar al árbitro y tener el control absoluto del juego.

 

Este es nuestro mayor desafío como nación: reconstruir nuestro sistema político-electoral que ha sido fragmentado por estos partidos. ¿Acaso preguntamos al país si confían en un proceso donde solo el PNP tiene el poder de inscribir electores, preparar las listas de votación, enviar y supervisar los votos por correo, manipular los resultados y contar los votos? 

 

Eso sí es competencia desleal.